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Océanos
Angélica Simón
Voces de múltiples sectores se suman al llamado para proteger Cabo Pulmo en un esfuerzo
por preservar esta reserva marina, que es una de las más saludables del mundo, ante el
riesgo que implica edificar el desarrollo turístico Cabo Cortés, y de sus efectos nocivos para
la naturaleza del lugar.
¿
Cuántas voces más deben sumarse para
que las autoridades presten oídos a tantos
argumentos que se han vertido contra la
construcción del mega complejo turístico de
Cabo Cortés?
La demanda de protección de Cabo Pulmo, Área
Natural Protegida en Baja California Sur que alberga
el arrecife más saludable del mundo, no es interés de
una organización solamente, ni tampoco, como dicen
algunos en su intento por descalificar a Greenpeace, es
un asunto de "ambientalistas radicales e intolerantes".
Cada vez más científicos, académicos, líderes
de opinión, escritores, abogados, organizaciones,
diputados, senadores, partidos políticos y ciudadanos
se suman a la manifestación de los habitantes de la
comunidad de Cabo Pulmo, quienes desde hace más
de 15 años han trabajado por recuperar y mantener el
equilibrio ambiental del arrecife. Los ejemplos sobran.
Exequiel Ezcurra, director del Instituto para México
y Estados Unidos de la Universidad de California, y
Octavio Aburto Oropeza, doctor en biología marina
del Instituto Scripps de Oceanografía en San Diego,
ambos expertos en ecosistemas marinos en el Golfo
de California, han explicado las razones científicas por
las cuales el proyecto de la inmobiliaria Hansa Urbana
pone en riesgo la reserva de Cabo Pulmo.
Se multiplican las voces
por Cabo Pulmo
En junio de 2011, y en el marco del Día mundial del medio ambiente, organizaciones ambientalistas y habitantes de Cabo Pulmo lanzaron al
mar un salvavidas gigante de 15 metros de diámetro con el mensaje: "Salvemos Cabo Pulmo". Semarnat acusó a las organizaciones de dañar
el ecosistema por poner un salvavidas sobre el agua de la reserva, desestimando el riesgo ambiental por construir un desarrollo hotelero de
proporciones similares al de Cancún.
© Greenpeace / Prometeo Lucero