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Bosques
Amanalco, Estado de México.- Los bosques de pino
y oyamel que cobijan a esta comunidad, se ubican
en la Cuenca Amanalco, Valle de Bravo, y forman
parte del sistema Cutzamala, que abastece de agua
potable a las poblaciones de Valle de Bravo, Toluca
y la zona metropolitana de la Ciudad de México. En
1981, sus pobladores crearon la Unión de Ejidos
Forestales Emiliano Zapata para desarrollar su propio
ordenamiento territorial y un plan de manejo con el
objetivo de aprovechar y conservar sus bosques.
Para ello, crearon su propia empresa forestal, que
les da empleo y ganancias que se reparten entre los
integrantes del ejido. Gracias a ello han conseguido
la recuperación de cerca de mil hectáreas en la última
década. También crearon el Parque Ecoturístico Corral
de Piedra donde tienen una Unidad de Manejo para la
Conservación de la Fauna Silvestre (UMA), diseñada
para la reproducción de venado cola blanca; así como
granjas para la crianza de trucha, de la cual son los
mayores productores en el país.
San Juan Nuevo Parangaricutiro, Michoacán.- Hasta
la década de los 70, los bosques de la comunidad
de San Juan Nuevo Parangaricutiro estuvieron
concesionados a empresas privadas para su
explotación, lo cual agravó la tala ilegal, propició
cambios de uso de suelo, plagas, enfermedades
e incendios, es decir, deforestación. Para 1981, la
comunidad retomó el poder sobre sus bosques y, con el
apoyo de académicos y organizaciones de la sociedad
civil, estableció un plan de manejo y su propia empresa
forestal, que aprovecha la madera para producir y vender
muebles, resinas, brea y aguarrás. También cuenta
con su propia empresa de agua purificada, un parque
de turismo ecológico, una tienda comunal e incluso su
propio sistema de televisión por cable, generando así
empleos y múltiples beneficios para la comunidad.
Aún falta mucho por hacer, ya que de los doce
millones de personas que viven en los bosques,
sólo un porcentaje se ha integrado a esta forma de
aprovechar los recursos forestales. Los casos de éxito
en las comunidades que hacen BMFC demuestran
que sí es deseable reproducir este modelo en otras
regiones del país, que las experiencias pueden
compartirse y enriquecerse para aprovechar los
bosques sin destruirlos, recuperarlos y frenar el
acelerado deterioro y deforestación que afecta a los
ecosistemas forestales, riqueza de nuestro país.
La comunidad de Ixtlán de Juárez, en Oaxaca, ha recibido numerosos reconocimientos y premios de instituciones internacionales, además de la
certificación de manejo sustentable del bosque que otorga el Forest Stewardship Council (FSC) y que les permite garantizar que sus productos
--madera y muebles-- no provienen de la tala ilegal ni de la destrucción del bosque.
© Greenpeace / Gusta
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