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Especial
OLAS EN AMCHITKA
Desde los helados días en la diminuta isla de
Amchitka, situada en un extremo del archipiélago
aleutiano del Pacífico Norte --donde Estados Unidos
realizó una prueba nuclear subterránea en 1969--,
los canadienses Jim Bohlen, Irving Stowe y Paul Cote
fundaron Greenpeace, reuniendo en su nombre los
dos ejes centrales de la organización: pacifismo
y ambientalismo.
Ubicada en las aguas de la costa oeste de Alaska,
Amchitka era un espacio para la vida salvaje, hogar
de águilas calvas y halcones peregrinos y refugio de
tres mil nutrias. Y este fue el sitio que Estados Unidos
escogió para probar su arsenal nuclear, así que el 2
de octubre de 1969, Amchitka fue estremecida por la
fuerza de una explosión nuclear.
Un año después, Jim Bohlen, Irving Stowe y Paul
Cote formaron un grupo con un claro propósito: dete-
ner la prueba nuclear en Amchitka.
El Phyllis Cormack, un viejo barco pesquero renta-
do, de 24 metros, fue el primer navío del grupo, y en
él navegaron hacia el lugar donde se pretendía de-
tonar la bomba. Con doce personas a bordo, a las 4
de la tarde del 15 de septiembre de 1971, y llevando
los símbolos de la paz y el medio ambiente, el Phyllis
Cormack zarpó para llevar a cabo la primera acción
directa no violenta de Greenpeace.
Luego de acercarse a la zona de detonación, la tri-
pulación recibió un mensaje por radio que anunciaba
que la prueba había sido pospuesta. Finalmente, el 6
de noviembre de 1971 la bomba fue detonada.
A raíz de esta acción se generaron numerosas
manifestaciones públicas y emplazamientos a huelga
contra las pruebas en Amchitka, las cuales impidie-
ron que Estados Unidos continuara con ellas. Cuatro
meses después dicho país anunció la cancelación de
los ensayos nucleares en el archipiélago aleutiano por
"razones políticas y de otra índole".
Greenpeace había actuado por primera vez,
provocando cambios concretos. La pequeña isla de
Amchitka quedó a salvo.
Stowe definió esas primeras acciones como "un
viaje por la vida y por la paz"; no lo sabía entonces,
pero el viaje de Greenpeace sería muy largo y even-
tualmente se convertiría en una organización global.
PARA GREENPEACE NO HAY
LÍMITES EN EL HORIZONTE
DE LUCHA...
Con esta primera acción, Greenpeace ya mostraba
el impulso y la pasión que le ha caracterizado y que
inspira y ha inspirado a nuevas generaciones que
conforman su equipo en todo el mundo.
A lo largo de estos 40 años, estos son algunos de
sus logros fundamentales:
· Moratoria a la cacería comercial de ballenas
en aguas internacionales, en 1982.
· Prohibición de que se explote mineral-
mente la Antártida, mediante un tratado firmado
en 1991.
· Anulación de los planes de la empresa Shell
orientados a explotar la plataforma petrolera
Brent Spar, en el Océano Atlántico, en 1995.
· Desarrollo pionero de tecnología de
refrigeración, que no afecta la capa de ozono ni
favorece el cambio climático, en 1997.
· Prohibición de que se realicen pruebas
nucleares mediante un tratado firmado en 1996.
· Elaboración y entrada en vigor de diversos
convenios internacionales que buscan proteger
el medio ambiente: Convención de Estocolmo,
Protocolo de Kyoto, Convenio de Basilea,
Convención de Diversidad Biológica, Convenio
de Cartagena, etcétera.
· Posicionamiento público de los delitos
ambientales desconocidos por la sociedad
(pesca ilegal en mares africanos, destrucción
de la Amazonia, siembra y comercio de
organismos transgénicos, responsabilidad de las
corporaciones en el deterioro ambiental) a fin de
que sean castigados y revertidos.
Hoy nuestra organización trabaja en los puntos más
críticos del planeta y tiene una efectiva incidencia en
ellos: Estados Unidos, China, Brasil, Indonesia, Israel,
Líbano, Rusia y una gran diversidad de sitios que ya
alcanzan Corea y el continente africano.
Para Greenpeace no hay límites en el horizonte de
lucha: lo mismo defiende ballenas entre los témpanos
del Océano Antártico que protege bosques y selvas
en la Amazonia o en el Gran Bosque de Agua en Mé-
xico; lo mismo negocia convenciones y protocolos en
las Naciones Unidas que potencia el trabajo conjunto
de unos once millones de ciberactivistas que organi-
zan campañas por Internet en todo el mundo.
Todo esto no sería posible sin ti, lector o lectora
de estas líneas. Son los recursos y el apoyo de millo-
nes de personas como tú en el mundo, los que hacen
posible este trabajo en favor de la vida.
Muchas felicidades por ser Greenpeace...
¡larga vida a nuestra organización!