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Bosques
a la situación de los ecosistemas
forestales, ya que se considera que
el tema se está resolviendo.
Por otro lado, de acuerdo con las
investigaciones de Greenpeace, el
objetivo de `restaurar' los bosques
tampoco se está cumpliendo a
pesar de que los programas de
reforestación y conservación de
suelos reciben más recursos que
ningún otro rubro del Proárbol. En
2008, Greenpeace encontró que
en ocho predios reforestados con
fondos de estos programas la tasa
promedio de supervivencia de los
árboles no llegaba al 10%, a menos
de un año de haber sido plantados.
En ese mismo año y, de acuerdo
con información de la Comisión
Nacional Forestal (Conafor), la
mitad de las plantas utilizadas
para "restaurar" los ecosistemas
forestales fueron nopales y
magueyes e, incluso, se utilizaron
plantas exóticas como eucalipto.
Por si esto fuera poco, la
producción de madera en nuestro
país pasó de 9.4 millones de metros
cúbicos de madera en rollo en
2000, a 6.9 millones de metros
cúbicos de madera en rollo en
2007, y la superficie bajo manejo
forestal sustentable se redujo de
8.6 a 6.1 millones de hectáreas
en el mismo periodo. La falta de
información más actualizada (una
constante que se repite en muchos
aspectos de la política forestal)
no permite conocer cómo ha
evolucionado esta situación desde
entonces, pero los indicios y las
experiencias en campo indican
que el cambio no ha sido positivo.
Es decir, tampoco el objetivo de
"aprovechar de manera sustentable
los recursos en bosques, selvas y
zonas áridas" del Proárbol se
ha cumplido.
Es evidente que se necesita
una nueva política forestal en
nuestro país, con el objetivo de
detener la deforestación en la
presente década, por medio de
una valoración efectiva de los
ecosistemas forestales y sus
servicios ambientales y del
impulso verdadero al manejo
forestal sustentable.
La nueva política forestal debe
empezar por considerar que los
bosques son fundamentales para
la vida de todos. Que nos brindan
beneficios a todos, en especial a
quienes vivimos en las ciudades y,
por lo tanto, deben ser valorados
en su justa medida y se debe
reconocer que todas las actividades
que contribuyan a su conservación
son de interés público. Es decir,
todo aquello que permita la
preservación de los ecosistemas
forestales debe ser considerado
como de interés para la nación y
todos sus habitantes y, por lo tanto,
debe ser prioritario en la agenda
pública y de gobierno.
Dicho reconocimiento debe
reflejarse en apoyos concretos
y suficientes que retribuyan, de
manera justa y permanente, el
esfuerzo de quienes llevan a cabo
actividades que permitan preservar
los ecosistemas forestales.
Por ejemplo, el manejo forestal
sustentable que llevan a cabo
cientos de comunidades y ejidos ha
demostrado ser una opción que no
sólo permite preservar los bosques
sino que, además, genera fuentes
de empleo para sus habitantes y
es un motor del desarrollo local.
Por este motivo, quienes lo llevan
a cabo deberían ser retribuidos
no sólo por medio de la venta de
los productos que obtienen de
sus bosques, sino de otro tipo de
apoyos de origen público o privado.
Otro aspecto fundamental
de la nueva política debe ser
reconocer que no todos los
bosques de México son iguales
y que las realidades que se viven
entre una región y otra son muy
distintas. En consecuencia, para
cada una de ellas el enfoque de
la política y sus instrumentos
debe ser distinto, considerando
los diferentes ecosistemas
forestales y las distintas realidades
socioeconómicas. Aunado a esto,
se debe considerar que las zonas
boscosas no son entes aislados
y que su conservación, y el
bienestar de quienes habitan en
ellas, depende en gran medida de
lo que pasa a su alrededor, por lo
que se debe promover el desarrollo
rural a nivel del territorio (no sólo de
las comunidades y ejidos forestales
de manera aislada) con base en un
ordenamiento ecológico del mismo.
Finalmente, es necesario resaltar
que para que la nueva política
forestal sea efectiva, debe ser
construida entre todos los actores
involucrados y no sólo por los
funcionarios del sector. Además,
se debe contar con información
transparente para conocer de
manera confiable el estado actual
y los cambios que sufren nuestros
bosques y establecer sistemas
de monitoreo y evaluación
(incluyente y transparente) de
todos sus instrumentos, con el
fin de mejorarla constantemente.
© Greenpeace / José Luis Perlasca
Deforestación debido a la ganadería.