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Energía
nuclear
escala INES (en la misma categoría
que Chernobyl, ocurrido en 1986
en Ucrania), nos enseña que ante
una combinación de factores
de índole natural humana, una
posibilidad mínima de riesgo puede
ser fatal y traer consecuencias de
enorme trascendencia e impacto
para el ambiente y la humanidad.
Al respecto, Greenpeace
tiene un detallado protocolo de
seguridad radiológica. Durante
los meses que han seguido a la
tragedia, y desde el momento que
inició, el equipo de expertos en
radiación de Greenpeace realizó
monitoreos y mediciones en los
alrededores de la planta.
Los resultados de los análisis
efectuados a una muestra de
suelo contaminado de un jardín de
niños, en el centro de Fukushima,
revelaron que los niveles promedio
de contaminación por radiación
gamma eran aproximadamente
de 2 a 3 microSievert por hora
(µSv/h) al nivel del suelo, es decir,
de 25 a 40 veces más de lo
normal. Las mediciones en zonas
contaminadas indican que todavía
se pueden encontrar niveles de
radiación en un rango de 9 y hasta
45 µSv/h, particularmente en dosis
de 0.5 µSv/h; siete veces más que
los niveles normales.
Por su parte, la empresa
TEPCO, operadora de la central
nuclear de Fukushima, admitió
tres meses después de ocurrida
la tragedia que, por primera vez
desde que inició la crisis nuclear
en Japón, había detectado niveles
excesivos de estroncio 90 en el
agua del mar cercano a la planta.
El estroncio 90 es un isótopo
radiactivo generado por la fisión de
los átomos de uranio y cuya vida
media es de 29 años; supone un
riesgo para la salud humana ya que
se acumula en los huesos debido a
que se absorbe de manera similar
al calcio y puede causar cáncer
óseo y leucemia.
El nivel de estroncio 90
registrado en varias muestras
recogidas en el mar frente a la
central nuclear era 53 veces
superior al estándar de seguridad
del gobierno. A la detección de
niveles de estroncio radiactivo en
el mar se añadió la detectada en la
tierra de municipios de la provincia
de Fukushima, que ha aumentado
hasta 26 veces desde mediados
de marzo. Las concentraciones
más altas fueron registradas en
pueblos ubicados dentro de la
zona de exclusión legal de más
de 20 kilómetros alrededor de la
planta de Fukushima-Daiichi.
Tripulación del Rainbow Warrior recolecta muestras de agua de mar y algas marinas para
medir niveles de contaminación.
© Greenpeace / Jerem
y Sutton-Hib
bert
Hasta ahora, la empresa
TEPCO y el gobierno japonés
han fracasado en cumplir con la
primera fase del plan de crisis en
la planta nuclear, al apresurarse
para cumplir con fechas formales
y dar la impresión de normalidad,
en vez de aceptar que esta crisis
tomará décadas. Las filtraciones
de agua contaminada no han
terminado y las mediciones de
radiación actuales, al igual que la
transparencia de la información,
son completamente inadecuadas.
A unos cuantos meses de la
catástrofe de Fukushima, el primer
ministro, Naoto Kan, dijo que
Japón debería tratar de prescindir
de la energía nuclear en el futuro.
Diversos países dijeron adiós a
este tipo de energía, establecieron
moratorias o frenaron sus planes
nucleares. En México, contrario a
ello, estos planes se fomentaron.
La energía nuclear no ha
resuelto el problema de cómo
disponer de manera segura los
residuos radiactivos de vida
muy larga. El impacto ambiental
asociado a la minería del uranio
tiene un alto costo y sus reactores
llevan un largo tiempo de
construcción, por ello necesita
ser subsidiada por gobiernos.
La promoción nuclear en México
Desde mediados de 2010, un
grupo de legisladores presentó
modificaciones a la estrategia
nacional de energía que incluyen
a la fuente nuclear como una
alternativa "segura y libre"
de emisiones de gases de
efecto invernadero, cuya
acumulación excesiva propicia
el cambio climático.
Después de la tragedia nuclear
de Fukushima, en la comisión de
energía y en la comisión especial
de cambio climático del senado de
la República varios legisladores se
pronunciaron a favor de la energía
nuclear, argumentando que este