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¿Qué tendrían que tener los planes de adaptación
para realmente servirle a la gente? En Greenpeace
nos preocupa que todo se quede en declaratorias
y buenas intenciones.
Me parece que esos planes pueden ilustrar las
buenas prácticas, y deberían estar enfocados en
ello. En el caso de Michoacán hay comunidades
que hacen un manejo integral del bosque y no-
sotros sostenemos que son menos vulnerables.
¿Por qué? Porque ante extremos de lluvia, sequía
y tal, la zona boscosa protege. Podemos decir
que ya hay gente que está haciendo cosas para
adaptarse a un clima incierto, pues un bosque
puede resistir mucho más esos cambios de
temperatura.
En el mismo Michoacán ha habido casos de
deslaves y donde hay mucha deforestación, esta-
mos hablando de la construcción de un desastre.
En cuanto a medidas de adaptación a nivel indivi-
dual, ¿qué podemos hacer las personas?
Necesitamos nuevas políticas, más ágiles y en
todas las áreas, no sólo que se refieran al clima,
sino a la agricultura, manejo de agua, etcétera.
Las adaptaciones locales se tienen que generar
y no necesariamente una adaptación va a ser
idéntica a la otra, depende mucho del nivel de
organización, el entendimiento del problema,
el acceso a recursos financieros y el acceso a
recursos humanos.
Se está despoblando al país de expertos en
el campo, la agricultura, el manejo de bosques,
etcétera. Quienes nos dedicamos a la adaptación
consideramos que hay que tener mucho cuidado:
para llevar a cabo adaptaciones necesitamos de-
terminar los contextos específicos. Hay también lo
que llamamos adaptaciones invisibles; si la gente
ya está pensando en hacer algo, si ya están en el
proceso de búsqueda de información, ahí surge
el disparador de la adaptación, es ya un aumento
de la capacidad adaptativa, porque ya se tomó
conciencia del problema y se está generando
un movimiento.

En las ciudades, ¿qué pueden hacer los ciudada-
nos para adaptarse?
Las ciudades son el mejor ejemplo de cambio
climático. Tenemos golpes de calor cada vez más
fuertes, lluvias torrenciales cada vez más intensas.
Los gobiernos de las ciudades han tenido que
fortalecer sus temas de prevención, pero los
efectos del cambio climático los están rebasando.
Algunas cosas que ocurren nos resultan extrañas,
atípicas, y definen un evento extremo. Cambio
climático significa mayor número de eventos
extremos. En varios estudios hemos encontrado
que cada vez son mayores, y en un contexto de
clima caliente van a ser más extremos.
La gente tiene que enterarse de los pro-
gramas de prevención de desastres y alertas
tempranas, es decir, estar informada, porque
estos eventos son sorpresivos, y por otra parte
debe saber dónde buscar información ante lo
que llamamos desastre, porque esta sociedad y
el clima están construyendo desastres. Es muy
importante conservar áreas verdes. Y además, el
ciudadano debe fijarse bien por quién vota, cuál
es el programa ambiental para la Ciudad de Méxi-
co que está impulsando. En cuanto a organizacio-
nes sociales hay que participar, a nivel de escuela,
colonia, etcétera. Claro que hay que actuar a nivel
individual, cambiar los focos, ahorrar agua, pero
también necesitamos acción social, construir
organizaciones vecinales, en la escuela. Necesita
existir la conciencia así como el movimiento de
grupos que lleven a cabo acciones efectivas.
La doctora Cecilia Conde, del Centro de Ciencias de la Atmósfera
de la UNAM.
© Greenpeace /
T
eresa Osorio