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Fuera de la burbuja
Después de las negociaciones de la COP 16, y para lograr una
transición hacia un nuevo paradigma climático que consiga
resultados tangibles, resulta fundamental llevar a cabo acciones
que se desarrollen fuera de la burbuja diplomática en la cual han
operado las negociaciones climáticas. La suma de las voluntades
individuales es la pieza clave en este rompecabezas climático.
Isabel Studer
de las negociaciones climáticas
La COP 16, que se llevó a cabo en Cancún en el
último bimestre de 2010, representó un triunfo diplo-
mático en tanto que legitimó el proceso mismo de
negociación, que había sido severamente cuestiona-
do el año previo en Copenhague. Cancún abundó en
puntos nodales que permiten mantener la esperanza
en el proceso: que el calentamiento de la tierra no
debe superar los 2 ºC, y buscar la revisión de esta
meta para reducirla a 1.5 ºC, así como lograr una
reducción, hacia el 2020, de las emisiones de gases
de efecto invernadero (GEI) en un rango de 25% y
40% respecto a 1990.
Aunado a lo anterior, entre dichos puntos nodales
también destaca que los países desarrollados otor-
guen: a) Treinta mil millones de dólares entre 2010
y 2012 bajo el esquema de financiamiento rápido y
mediante un Fondo Verde Climático que será admi-
nistrado por el Banco Mundial y que rendirá cuentas
a un consejo de 24 países; b) Cien mil millones de
dólares anualmente hacia el 2020; y c) Recursos y
apoyo tecnológico para elaborar planes y monitorear
las pérdidas de bosques en el ámbito de los esque-
mas de Reducción de Emisiones por Deforestación
y Degradación Evitadas (REDD+).
Respecto al último punto, todos los países
además se comprometen a "frenar, detener y revertir
las pérdidas de la cubierta forestal y el carbono en los
suelos". También se crearon un Marco de Adaptación
para ayudar a los países más vulnerables a adap-
tarse ante el cambio climático y un mecanismo para
promover tanto la transferencia como el desarrollo de
tecnologías climáticas.
Pero estos son avances tímidos, sobre todo
si los medimos a la luz del llamado urgente de la
comunidad científica para reducir drásticamente las
emisiones de GEI a fin de evitar un aumento de la
temperatura global superior a 2 ºC, por encima de
los niveles preindustriales. Los fracasos sucesivos
en las negociaciones globales de los últimos veinte
años ponen en evidencia tanto el tamaño de la tarea
pendiente que impida al planeta y a la humanidad di-
rigirse a un escenario catastrófico, como la necesidad
de transitar hacia un nuevo paradigma climático.
Hasta ahora la mayoría de los esfuerzos de la
comunidad internacional, incluyendo los de la so-
ciedad civil, se han dirigido fundamentalmente hacia
la obtención de un acuerdo global vinculante que
obligue a los países desarrollados a adoptar metas
de reducción de gases de efecto invernadero. Es
comprensible que la obtención de un acuerdo global
y universal haya sido el objetivo focal de las nego-
ciaciones, pero los obstáculos estructurales para
lograrlo, como lo han mostrado los muchos años de
negociación, son monumentales.
Dicho acuerdo es esencial por el contexto anár-
quico del sistema internacional y la naturaleza global
del problema que enfrentamos, donde las ventajas del
free-rider (el oportunista) son muy altas y las acciones
unilaterales potencialmente muy costosas.
Lo anterior explica que la Convención Marco de
las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CM-
NUCC, 1992) tenga como objetivo lograr un acuerdo
universal (ya 194 países la han ratificado) y hacerlo
por consenso, es decir bajo la premisa de que aquel
solamente se aprueba hasta que todos acepten
todos los elementos a negociar (single undertaking).
En el contexto anárquico mundial, sin embargo,
es común que algún país o grupo de países usen esta
premisa para bloquear avances sustantivos en las
negociaciones. El ejemplo en Cancún fue Bolivia,
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