background image
14
Desde la noche del viernes 10 de diciembre a la
madrugada del sábado 11 se vivieron momentos de
estrés en las instalaciones del hotel Moon Palace,
donde se realizó la decimosexta conferencia de
cambio climático de las Naciones Unidas (COP 16).
Tensión, frenesí, aplausos y cansancio después de
dos semanas de negociación que, en los hechos,
implicaban todo un año de idas y venidas, posiciones
encontradas, callejones sin salida y pocas intenciones
de reparar en la solución al cambio climático que
desde hace años está sobre la mesa. Los más de
190 países que asistieron a la COP 16 dieron algunos
pasos importantes para avanzar en la negociación de
un acuerdo global que reduzca de forma drástica las
emisiones mundiales de gases de efecto invernadero,
pero no fueron suficientes.
Fueron dos semanas de discusiones y, en algu-
nos momentos, parecía que la conferencia naufra-
garía como un barco sin rumbo ni capitán. Japón y
Rusia, entre otros países, defendían la propuesta de
"irse cada uno por la libre", al margen del Protocolo
de Kioto,
1
y sin ningún tipo de obligación de reducir
emisiones contaminantes. Eso caldeó los ánimos
y tensó las discusiones; el riesgo de acabar en un
nuevo fracaso se sintió a flor de piel, no sólo por el
posible desenlace de la conferencia, sino porque
esta postura significaba en los hechos "matar" al
Protocolo de Kioto y al proceso de negociaciones
dentro de las Naciones Unidas, y con ello cancelar
cualquier posibilidad de contar en el futuro inmediato
con un instrumento similar para reducir emisiones de
forma significativa.
Con el transcurrir de los días estos dos países
atenuaron su postura, principalmente por el rechazo
generalizado de las organizaciones civiles observa-
doras del proceso de negociaciones --entre ellas
Greenpeace-- y la mayoría de los países en desarrollo
que criticaron con dureza su intención. Por eso,
cuando por fin la comunidad internacional reconoció
la necesidad de seguir negociando un acuerdo co-
mún --el último día de la conferencia--, la esperanza
de avanzar positivamente en la negociación volvió a
tomar forma.
El último día, ya avanzada la madrugada del
sábado 11 de diciembre, se adoptó el "Acuerdo de
Cancún". Las delegaciones se felicitaron entonces
unas a otras por haber dejado de lado la larga resaca
causada por el fracaso de la conferencia anterior, la
tristemente recordada COP 15 de Copenhague (Dina-
marca), que se llevó a cabo en 2009.
resultados plasmados en el "acuerdo de cancún"
El "Acuerdo de Cancún" gira en torno a la necesidad
de mantener el proceso de negociación de un acuerdo
global que detenga al cambio climático dentro de
la Convención Marco de Naciones Unidas sobre
Cambio Climático. Sin duda es un paso importante.
Pero insuficiente. "La COP 16 salvó el proceso (de
negociación) pero no salvó al clima", resumió Wendel
Trio, jefe de la delegación de Greenpeace en Cancún.
Lo más urgente --cómo y cuál será la naturaleza del
acuerdo que deberá darle continuidad al Protocolo de
Kioto después del 2012-- aún sigue pendiente. En el
"Acuerdo de Cancún" se establece lo siguiente:
· Se reconoce la necesidad de estabilizar el aumento
de la temperatura global por debajo de los 2 ºC.
· Se determina, por primera vez en un texto de Na-
ciones Unidas, un objetivo de reducción de emisio-
nes conjunto para los países industrializados de
entre el 25 y el 40% para 2020 (tomando como
base los niveles de 1990).
La vida así no es posible: ¡actuemos ya!
Movilizaciones ciudadanas durante la COP 16.
© Greenpeace / Jason
T
a
ylor
© Greenpeace / Eliza
beth Ruiz